¿El pecado imperdonable?

En Mateo 12:31 encontramos la referencia a lo que dijo Jesús, “Por tanto os digo: Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres; mas la blasfemia contra el Espíritu no les será perdonada.” Considera el contexto de este versículo. En el capítulo 11 ciertas ciudades judías rechazaron a Jesús. También Juan el Bautista levantó serias dudas sobre Jesús porque sus expectativas no fueron satisfechas. Mateo 12:31, 32 se refiere al rechazo más serio de Jesús – el rechazo de los Fariseos.

Uno de los episodios de rechazo se encuentra en el relato de Belcebú (Mateo 12:22-37). Este comienza cuando Jesús sana a un ciego y sordo. Lo terrible para los líderes judíos es que la gente está tan entusiasmada por el milagro que empiezan a preguntar en voz audible si Jesús debe ser “el Hijo de David” o no –esto es, el Mesías (vers. 23)

Los frustrados Fariseos no pueden negar la realidad del milagro, pero pueden negar que el mismo vino de Dios. Su solución es que Jesús está ligado con el “príncipe de los demonios.” (vers. 24)

Jesús inmediatamente toma la ofensiva diciéndoles que si Él estuvo curando gente por el poder de los demonios, entonces el reino de Satanás estaría dividido contra sí mismo y estaría en ruinas (vers. 25-28). Jesús argumenta que en realidad, Él es el mayor enemigo del Diablo. Él se compara a sí mismo con un ladrón que ata al hombre fuerte para poder robar su casa (vers. 29). En otras palabras, Jesús el Cristo (Dios con nosotros) ha invadido el territorio enemigo del “príncipe de este mundo” (Juan 12:31; 14:30; 16:11) para rescatar a los hijos de Dios.

El punto culminante de la confrontación en la historia de Belcebú llega en Mateo 12:30-32. En este pasaje Jesús no solamente advierte a los oyentes de que no hay neutralidad en la gran lucha entre el bien y el mal, sino que sigue diciendo que cualquiera que acredita el trabajo de Dios a Satanás ha cometido el pecado imperdonable (vers. 31). Mientras es técnicamente verdad que la gente puede hablar contra el Hijo y todavía ser perdonado, no pueden hacer lo mismo y ser perdonados si están bajo la convicción del Espíritu Santo de que Jesús es el Mesías. Hacer tal cosa sería rechazar la incitación del Espíritu Santo en sus corazones y mentes. El resultado es una conciencia endurecida (1° Timoteo 4:2; Tito 1:15) que no puede más responder al trabajo del Espíritu de llevar la gente al arrepentimiento y confesión de sus pecados (Juan 16:8). Tales rechazadores están más allá del alcance del Espíritu de Dios, porque han cerrado el canal a través del cual Dios puede alcanzarlos. Cuando esto sucede, están más allá de toda esperanza. Han cometido el pecado imperdonable.

Muchos Cristianos sensibles se preocupan de que han cometido el pecado imperdonable. El hecho de que están conscientes es una indicación de que todavía están escuchando al Espíritu y desean responderle. Frederick Bruner tiene razón sobre el asunto cuando escribe, “el espíritu del pecado contra el Espíritu es uno inflexiblemente despreocupado. Es impenitencia, la falta de voluntad para arrepentirse... no es un conjunto de actos descuidados, es un estado de dureza.” (Bruner, 1:462)

Jesús sigue proclamando que el verdadero estado de la gente puede ser conocido por las palabras que salen de sus bocas (Mateo 12:33-37). Tal verdad no es prometedora para los Fariseos, cuyas bocas recientemente han establecido la perspectiva de que las acciones de Jesús fueron inspiradas por el Diablo en vez de por Dios. Si continúan en ese sentido, Mateo 12:22-37 implica, que eventualmente cometerán el pecado imperdonable.

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