
En realidad, no sabemos los nombres de los tres reyes magos porque la Biblia no los menciona. De hecho, la Biblia tampoco menciona cuántos hombres visitaron a Jesús. Sin embargo, la tradición dice que tres reyes magos vinieron a buscar y honrar al niño Jesús y que se llamaban Gaspar, Baltasar y Melchor.
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Los hombres sabios, o reyes magos, se refiere a hombres pertenecientes a las clases educadas de aquel tiempo. La palabra “magos” del griego original designa un experto en astrología y magia. Pero estos “reyes magos” no eran magos en el moderno sentido de ilusionistas. Eran de nacimiento noble, educados, ricos, e influyentes. Eran filósofos, consejeros de gobernantes, y recipientes de toda la sabiduría del antiguo Oriente. Estos hombres que vinieron en busca del niño Jesús no eran idólatras; eran hombres rectos e íntegros. (Este artículo es adaptado de EL COMENTARIO BÍBLICO Adventista del Séptimo Día, tomo 5, página 291. Consulta también El Deseado de todas las gentes, capítulo 6 para más información sobre este tema.)
Ellos estudiaron las Escrituras hebreas y allí encontraron una transcripción más clara de la verdad.
Ellos estudiaron las Escrituras hebreas y allí encontraron una transcripción más clara de la verdad. En particular, las profecías mesiánicas del Antiguo Testamento llamaron su atención, y entre ellas encontraron las palabras de Balaam: “Saldrá estrella de Jacob” (Números 24:17). También conocían la profecía de Miqueas: “Tú, Belén Efrata, eres pequeña para estar entre las familias de Judá; pero de ti me saldrá el que será Señor en Israel” (Miqueas 5:2). Probablemente también conocían y comprendían la profecía de Daniel (consulta Daniel 9:25, 26), y llegaron a la conclusión de que la venida del Mesías estaba cerca.
En la noche del nacimiento de Cristo, una misteriosa luz apareció en el cielo que se convirtió en una estrella luminosa que permaneció en el firmamento occidental (Mateo 2:1, 2). Impresionados por su importancia, los hombres sabios volvieron una vez más a las sagradas escrituras. Mientras intentaban comprender el significado de los escritos sagrados, determinaron ir en busca del Mesías. Al igual que Abraham, al principio no sabían adónde ir, pero siguieron la estrella que los guiaba en su camino.
La tradición de que los tres reyes magos surgió del hecho de que la Biblia menciona tres regalos: oro, incienso y mirra (Mateo 2:11). Sin embargo la Biblia no dice cuántos reyes magos viajaron para ver al bebé Jesús. La idea infundada de que eran reyes se dedujo de Isaías 60:3 donde dice: “Y andarán las gentes á tu luz, y los reyes al resplandor de tu nacimiento” (RVA).
Es interesante reflexionar sobre estas preguntas, pero no son verdades bíblicas esenciales. Los nombres de los reyes magos o el número de ellos no cambian el milagro de su estudio cuidadoso, su viaje largo, o su visita de adoración. Siguiendo la guía profética de Dios, llegaron justo a tiempo para alertar al pueblo de Israel sobre el nacimiento de un nuevo Rey. Impulsados por el Espíritu Santo ofrecieron adoración al nuevo Rey y trajeron regalos que hicieron posible su huida del rey Herodes. El papel que desempañaron estos sabios en el plan de salvación es mucho más significativo que su número o sus nombres. Eligieron formar parte del plan de Dios y por eso se les recuerda hoy.