
Por lo tanto, Dios no tiene edad. La Biblia afirma que Dios es, “…el Alfa y la Omega…el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso” (Apocalipsis 1:8).
“Al Rey de los siglos, inmortal, invisible, al único y sabio Dios…” (1 Timoteo 1:17).
“Antes de que nacieran los montes y de que formaras la tierra y el mundo; desde los tiempos primeros y hasta los tiempos postreros, ¡tú eres Dios!” (Salmo 90:2).
“Su trono es firme desde el principio. ¡El Señor es el Rey eterno!” (Salmo 93:2).
“Y jurando por el que vive por los siglos de los siglos, por el mismo que creó el cielo, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos…” (Apocalipsis 10:6).
"Tu reino es reino de todos los siglos, y tu señorío en todas las generaciones" (Salmo 145:13).
“El Dios eterno es tu refugio…” (Deuteronomio 33:27).
“…Por generación de generaciones son tus años. Desde el principio tú fundaste la tierra…” (Salmo 102:24, 25).
“’Yo soy el Alfa y la Omega, principio y fin,’ dice el Señor, ‘el que es y que era y que ha de venir, el Todopoderoso’” (Apocalipsis 1:8).

Las primeras palabras de la Biblia son: “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” (Génesis 1:1). Sin embargo, este versículo no habla del principio de Dios; habla del comienzo de nuestra tierra y del universo. Dios estaba allí al principio de nuestro universo, pero Él ya existía mucho antes de eso.
De hecho, la Biblia afirma claramente que Dios siempre ha existido. Nunca ha habido un momento en el que Él no existiera y nunca dejará de existir. “Antes que nacieran los montes y formaras la tierra y el mundo, desde el siglo y hasta el siglo, tú eres Dios” (Salmo 90:2).
Uno de los nombres por la cual Dios se denomina es “Yo Soy” (Éxodo 3:14). Dios existe en un presente eterno. Él siempre ha sido y siempre existirá. Los seres humanos vivimos en el pasado, presente, y futuro. Pero el tiempo no es lo mismo para Dios que para nosotros, los mortales que vivimos y morimos. La Biblia dice, “Para el Señor, un día es como mil años y mil años como un día” (2 Pedro 3:8).
Los humanos estamos acostumbrados a que las cosas envejezcan y cambien con el tiempo. Pero Dios nunca envejece. El tiempo no cambia a Dios. Isaías escribió, “el Dios eterno es Jehová, … No desfallece ni se fatiga con cansancio…” (Isaías 40:28). En la segunda venida de Jesús, Dios nos concederá el don de la inmortalidad para que podamos experimentar la vida sin envejecer. La muerte será sorbida en victoria pues nos revestiremos de la inmortalidad como un don del Dios eterno e inmortal” (1 Corintios 15:53).

Debido a las pinturas tradicionales que muestran a Dios como un anciano con una barba larga vestido con una túnica, tendemos a imaginarlo como una persona mayor. Incluso podemos llegar a pensar en Dios como un abuelo bondadoso y anciano que ya no participa activamente en los asuntos de la vida. Quizás pensemos que es bueno tenerlo cerca, pero que se mantiene al margen de nuestras vidas. Sin embargo, si pensamos en Dios como joven, vigoroso y activo, entonces adquiere un papel completamente diferente para nosotros. Él está aquí mismo, participando activamente con nosotros en todo lo que ocurre a diario en nuestras vidas.
Por supuesto, Dios no es ni viejo ni joven según nuestra concepción del tiempo. Lo verdaderamente importante es que DIOS EXISTE. Él siempre está ahí y siempre estará. Nunca envejece y siempre está a nuestro lado, amándonos, cuidándonos y ayudándonos en todo lo que enfrentamos. Él nos promete: “No te desampararé ni te dejaré: (Hebreos 13:5).