
Cuando el apóstol Juan fue exilado a la isla de Patmos hacia el final de su vida, tuvo una visión extraordinaria y recibió instrucciones, “Escribe en un libro lo que ves y envíalo a las siete iglesias” (Apocalipsis 1:11).
El ángel llama a cada iglesia por su nombre: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Filadelfia, y Laodicea. Todas ellas eran ciudades reales en la provincia romana de Asia, también conocido como Asia Menor o la actual Turquía. Esta fue la región donde predicaron el apóstol Pablo y otros que le sucedieron inmediatamente.
Estas siete iglesias recibieron mensajes reales con advertencias dirigidas a ellas y bendiciones reales pronunciadas sobre ellas. Pero estos mensajes, advertencias y bendiciones también se aplican a siete periodos de la historia de la Iglesia cristiana que abarcan desde el primer advenimiento de Jesús hasta su segunda venida, incluyendo nuestra era actual. Los mensajes también son para cada período de tiempo, describiendo la condición de la Iglesia cristiana a lo largo de la historia hasta la conclusión del mundo.
En estos mensajes se señalan las buenas cualidades de cada iglesia, así como sus defectos. Se dan amonestaciones y advertencias a cada una y, finalmente, se pronuncia una bendición especialmente apropiada.
El mensaje a la primera iglesia comienza, “Escribe al ángel de la iglesia en Éfeso.”
Éfeso simboliza la condición de la iglesia en su estado inicial de pureza, en los días de los apóstoles de Cristo. Los seguidores de Cristo recibieron su doctrina, la guardaron y disfrutaron de los beneficios y las bendiciones de los dones del Espíritu Santo.
Pero Jesús declara que tiene algo en contra incluso de este primer periodo de la iglesia cristiana, porque dice en Apocalipsis 2:4, “has dejado tu primer amor.”
Los primeros seguidores de Cristo, que estaban llenos de amor por Él y por su evangelio, con el tiempo experimentaron un enfriamiento en su disposición a servirle. Tal vez perdieron su primer amor ferviente porque ya no veían a su Maestro en persona, o quizás porque hablar de las buenas nuevas se había convertido en algo habitual. Sea cual sea la razón, Jesús dice que ya no sentían ni expresaban el primer amor cristiano que habían tenido anteriormente.
“Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras” (Apocalipsis 2:5).
Si permitimos que Dios restaure su amor infinito en nuestras vidas, encontraremos que nuestro primer amor vuelva con nueva vitalidad. Entonces, como resultado de nuestra salvación, seremos capacitados para renovar las primeras obras de la salvación: la obediencia, el servicio cristiano sincero, la disposición a sufrir por el Maestro, el amor a la verdad y el deseo de compartir con otros el evangelio de Cristo.
Este periodo de la historia cristiana abarca la época de la persecución de los cristianos por parte de Roma pagana. Muchos seguidores de Cristo sufrieron el martirio en los siglos II, III y principios del IV. A estos cristianos perseguidos y sufridos les llegó el mensaje:
"No tengas ningún temor de las cosas que has de padecer. He aquí, el diablo va a echar a algunos de ustedes en la cárcel para que sean probados, y tendrán tribulación por diez días. Sé fiel hasta la muerte, y yo te daré la corona de la vida" (Apocalipsis 2:10, RVA).
Las persecuciones más severas por parte de Roma pagana comenzaron bajo el emperador Diocleciano y continuaron desde el año 303 a 313 después de Cristo, exactamente diez años o diez días proféticos. (En las escrituras un día profético a menudo representa un año.) En aquellos días, ser cristiano podía costar la vida terrenal, pero Jesús prometió a quienes sufren por su nombre una corona de vida que jamás se marchitará.
La palabra pérgamo significa altura o elevación. La ciudad de Pérgamo estaba construida sobre una colina elevada. Esta iglesia representa el periodo de la historia cristiana postero a la conversión del emperador Constantino al cristianismo. A partir de este momento, se instituyó la unión completa entre la iglesia y el Estado romano.
La iglesia, que antiguamente fue perseguida y, al igual que su Salvador, no tenía un lugar donde recostar la cabeza, se convirtió gradualmente en una poderosa fuerza que podía disponer de inmensas riquezas y de los ejércitos de la Roma imperial.
Como resultado de esta unión inapropiada, muchos ritos y ceremonias paganas se introdujeron gradualmente a la iglesia. De esta manera, la fe pura de la iglesia primitiva fue corrompida. Pero aún quedaban muchos creyentes fieles de los cuales Jesús habló:
“Yo conozco tus obras, y dónde moras, donde está el trono de Satanás; pero retienes mi nombre, y no has negado mi fe” (Apocalipsis 2:13).
Este es un testimonio maravilloso sobre los verdaderos siervos de Dios. El Señor conoce la situación y la fidelidad de cada persona. Ayuda a sus hijos a mantenerse firmes ante el sufrimiento y la tentación.
Esta iglesia simboliza la condición del pueblo de Dios durante la Edad Media, época de persecución. Durante este periodo, la propia iglesia organizada se convirtió en la perseguidora. Nuestro Salvador refirió a este periodo en su maravillosa profecía grabada en Mateo 24. Dijo:
“Porque habrá entonces gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo hasta ahora, ni la habrá. Y si aquellos días no fuesen acortados, nadie sería salvo; mas por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (Mateo 24:21-22).
Dios tiene una promesa especial para sus hijos perseguidos en Apocalipsis 2:25-26, 28. “Pero deben conservar lo que tienen hasta que yo venga. Al que salga vencedor y cumpla hasta el final con lo que yo mando, le daré autoridad sobre las naciones... Y le daré la estrella de la mañana.”
Jesús es la Estrella de la Mañana. Jesús nos promete a sí mismo. ¡Nos promete la victoria incluso antes de que suceda! ¡Jesús triunfará al final!
La iglesia de Sardis representa el período posterior al redescubrimiento, por parte de los primeros reformadores, de que la salvación no se puede ganar con obras. A medida que los reformadores fallecieron y la novedad de esta nueva idea de la justificación por la fe se desvaneció, la apatía y la complacencia espiritual se infiltraron en la iglesia. Una vez más, el compromiso con el paganismo se generalizó hasta el punto de que Jesús le dice a esta iglesia: “Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives y estás muerto” (Apocalipsis 3:1).
Lo más desgarrador de esta reprensión de Cristo es que la iglesia se cree viva, pero en realidad está completamente muerta. La solución de Cristo a este estado de muerte espiritual es recordar la Fuente de la salvación y arrepentirse. “Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; guárdalo y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:3). Solo recordando que Jesús es el verdadero Camino hacia la salvación (Juan 14:16), pidiendo perdón y alejándonos de los errores del pasado, podremos revivir una religiosidad sin vida y aferrarnos a Cristo.
¡Pero Jesús tiene buenas noticias! Él tiene tres promesas para aquellos que decidan arrepentirse. Les dará las vestiduras blancas de su justicia, incluirá sus nombres en el Libro de la Vida, y los reconocerá ante su Padre y los ángeles.
Filadelfia significa amor fraternal y se aplica a la iglesia durante el Gran Despertar Adventista y los días que le siguieron. La iglesia de Filadelfia no recibe palabras de condenación. En cambio, Jesús reconoce que esta iglesia tiene poco poder y recibe muchas promesas de esperanza y guía. Jesús dice, “Yo conozco tus obras. Por eso, he puesto delante de ti una puerta abierta, la cual nadie puede cerrar… te guardaré de la hora de la prueba… lo haré columna en el templo de mi Dios… Escribiré sobre él… mi nombre nuevo” (Apocalipsis 3:8).
Apocalipsis 3:11 es un recuerdo de que no tendremos que esperar para recibir nuestra recompensa. “Ya pronto vengo. Lo que tienes, no lo sueltes, y nadie te quitará tu corona.”
Laodicea significa “el juicio del pueblo”. Fíjate en las palabras de Cristo: “Yo sé todo lo que haces, y sé que no eres frío ni caliente. ¡Cómo quisiera que fueras frío o caliente!
Esta iglesia representa el período actual del cristianismo. El cristianismo tibio es uno de los peligros de nuestro tiempo. Los cristianos modernos que profesan el nombre de Cristo, pero que no se dedican plenamente a conocerlo y servirlo, son aquellos contra los que esta iglesia nos advierte.
Más información sobre la iglesia de Laodicea
Presta atención a las próximas palabras de Jesús: “Tú dices: Yo soy rico, me he enriquecido y de nada tengo necesidad. Pero no sabes que eres desventurado, miserable, pobre, ciego y estás desnudo. Por tanto, yo te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego para que seas rico, y vestiduras blancas para vestirte, para que no se descubra la vergüenza de tu desnudez. Y unge tus ojos con colirio para que veas. Yo reprendo y castigo a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete” (Apocalipsis 3:17-19).
Podemos tener iglesias hermosa y grandes presupuestos; pero necesitamos las riquezas divinas de la fe, la esperanza y el amor. Necesitamos las vestiduras blancas de la justicia de Cristo, que son nuestras si las pedimos y la recibimos.
Esta es la promesa final antes del regreso de nuestro Salvador. Su promesa para nosotros cuando venga es que nos sentaremos con Él en su trono con nuevas vestiduras blancas, con colirio para los ojos, para que podamos ver y disfrutar de las riquezas de su presencia por toda la eternidad.
Los mensajes a estas siete iglesias sirven como advertencia para nosotros hoy en día. Cada iglesia tiene un problema que debe enfrentar. Cada iglesia tiene un reto que debe superar. Pero también a cada iglesia se le han hecho promesas increíbles, promesas que ayudan a la iglesia a superar sus retos. En la última instancia, el mensaje para cada iglesia y para cada persona hoy es un llamado de un Jesús amoroso a que le permitan ser el Señor de sus vidas.
“Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él y cenaré con él y él conmigo” (Apocalipsis 3:20).
Estas palabras de Cristo son para ti. ¿No abrirás la puerta de su corazón ahora y dejarás que Cristo entre en tu vida?