
El mundo cristiano, por mucho tiempo, ha observado dos días de reposo distintos. Por un lado, la mayoría de los cristianos observan sinceramente el domingo, primer día de la semana, como el día de reposo. Este día lo observan para conmemorar la resurrección de Cristo. Pero, por otra parte, un grupo grande de cristianos, igualmente sincero, cree que la Biblia reconoce el sábado, séptimo día de la semana, como el verdadero día de reposo. Ellos creen que la Biblia en ninguna parte afirma la santidad del domingo.
¿Realmente importa qué día observamos como el día de reposo? Como personas sinceras quienes desean conocer la verdad, debemos preguntarnos siempre: “¿Qué le importa a Jesús? ¿Qué quiere Jesús que yo haga?”
Después de todo, queremos la seguridad de seguir la verdad bíblica y obedecer las instrucciones de Dios cuando dice, “Este es el camino, andad por él” (Isaías 30:21).
Al llegar a una decisión sobre el día que Dios quiere que adoremos, hay varias preguntas importantes que exigen una respuesta: “Quién cambió el día de reposo del sábado, séptimo día de la semana, al domingo, primer día de la semana? ¿Autorizó la Biblia ese cambio? Si es así, ¿Dios, Cristo o quizás los apóstoles hicieron el cambio?
¿Existe una declaración de Dios que cambie el día de reposo del séptimo día de la semana al primer día de la semana? La mayoría de los cristianos aceptan los diez mandamientos, dados por Dios en el monte Sinaí, como la guía a seguir. Moisés le recordó a Israel:
“El Señor dirigió estas palabras a toda su congregación en el monte, desde el fuego, la nube y la oscuridad. Las pronunció con voz potente, y no añadió más. Las escribió en dos tablas de piedra, que me entregó a mí.” (Deuteronomio 5:22, RVC).
Los diez mandamientos son el único mensaje escrito personalmente por Dios para la raza humana. Son tan importantes que Dios los escribió en piedra con su propio dedo (Éxodo 31:18). En el cuarto mandamiento, Dios nos instruye:
“Acuérdate del día de reposo [aquí equivale a sábado] para santificarlo. Seis días trabajarás, y harás toda tu obra; mas el séptimo día es reposo para Jehová tu Dios; no hagas en él obra alguna . . . . Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día; por tanto, Jehová bendijo el día de reposo [aquí equivale a sábado] y lo santificó” (Éxodo 20:8-11).
Nota al lector hispanohablante: En estos versículos, la referencia al día de reposo equivale al sábado según la Biblia Reina Valera.
Cuando Dios creó nuestro mundo, apartó el séptimo día como el “sábado del Señor” con tres acciones divinos (Génesis 2:1-3). Dios:
Nuevamente, en el Sinaí, cuando dio los diez mandamientos, Dios reiteró estas mismas verdades. Él también dejó en claro que ningún ser humano puede modificar o editar la instrucción que proviene de sus labios santos. “No añadan ni quiten una sola palabra de lo que yo les mando, sino cumplan los mandamientos del Señor su Dios, que yo les ordeno observar” (Deuteronomio 4:2, RVC).
Dios mismo se compromete a no alterar sus mandamientos: “No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios (Salmo 89:34). La Biblia es clara en que Dios no cambió el día de reposo del séptimo día al primer día de la semana.
Según Jesús, los diez mandamientos y todos los principios morales de las escrituras del Antiguo Testamento nunca cambiarán. Deben seguir guiando a sus seguidores:
“No piensen ustedes que he venido para abolir la ley o los profetas; no he venido para abolir, sino para cumplir. Porque de cierto les digo que, mientras existan el cielo y la tierra, no pasará ni una jota ni una tilde de la ley, hasta que todo se haya cumplido. De manera que, cualquiera que quebrante uno de estos mandamientos muy pequeños, y así enseñe a los demás, será considerado muy pequeño en el reino de los cielos; pero cualquiera que los practique y los enseñe, será considerado grande en el reino de los cielos” (Mateo 5:17-19, RVC).
Jesús honró y observó fielmente el sábado. Él es nuestro ejemplo en guardar el sábado. “Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo [aquí equivale a sábado] entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer” (Lucas 4:16, RVC).
Mirando al future, Jesús quería que sus discípulos continuaran experimentando el gozo de guardar verdaderamente el sábado. Les instruyó que oraran para que, durante el asedio, no tendrían que huir de Jerusalén en sábado. “Pídanle a Dios que no tengan que huir en invierno ni en día de reposo [aquí equivale a sábado]” (Mateo 24:20, RVC).
Jesús estaba hablando de la destrucción de Jerusalén, un evento que ocurrió en 70 d.C., casi 40 años después de su resurrección. Jesús no cambió el mandamiento del sábado, ni ningún otro mandamiento. De hecho, instruyó al joven rico a obedecer los diez mandamientos (Mateo 19: 16-22). Es claro por las enseñanzas y el ejemplo de Jesús que todavía necesitamos el sábado para descansar, recuperarnos y pasar tiempo con Dios.
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Santiago, el primer líder de la iglesia cristiana primitiva, escribió acerca de los diez mandamientos:
“Porque cualquiera que guardare toda la ley, pero ofendiere en un punto, se hace culpable de todos. Porque el que dijo: No cometerás adulterio, también ha dicho: No matarás. Ahora bien, si no cometes adulterio, pero matas, ya te has hecho transgresor de la ley” (Santiago 2:10, 11).
Lucas, médico, historiador y evangelista de la iglesia primitiva, informa:
“Un día de reposo [aquí equivale a sábado] salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido” (Hechos 16:13).
Pablo, el apóstol a los gentiles, quien escribió mucho del Nuevo Testamento, afirma:
“Porque en cierto lugar dijo así del séptimo día: Y reposó Dios de todas sus obras en el séptimo día [ver Génesis 2:2]. . . . Por tanto, queda un reposo para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:4, 9).
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Juan, el último de los 12 apóstoles en morir, escribió cinco libros de la Biblia: un evangelio, tres epístolas (cartas), y el libro profético de Apocalipsis. Murió alrededor del año 100 d.C., aproximadamente 70 años después de la resurrección de Jesús.
En ninguna parte de sus escritos habla de cambiar el día de reposo del séptimo día (sábado) al primer día de la semana (domingo). De hecho, Juan mismo guardó el sábado. Escribió: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor” (Apocalipsis 1:10). Según Jesús, el día del Señor es el sábado: “Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo [aquí equivale a sábado]” (Mateo 12:8).
En el Nuevo Testamento el libro de Hechos menciona 84 sábados observados por los apóstoles, todos ellos más de 14 años después de la resurrección de Jesús.
El Nuevo Testamento menciona el primer día de la semana solo ocho veces. En ninguno de estos casos se habla del primer día de la semana como un día santo; ni siquiera se insinúa que debamos observarlo como un día de adoración. Un examen cuidadoso de los ocho textos referentes al primer día de la semana clarifica lo que ocurrió en este día:
1. Las mujeres llegaron a la tumba de Jesús el primer día de la semana (Mateo 28:1)
2. “Cuando pasó el día de reposo, [aquí equivale el sábado]” las mujeres trajeron especias para ungir el cuerpo de Jesús “muy de mañana, el primer día de la semana” (Marcos 16:1, 2).
3. Jesús se apareció a María Magdalena “el primer día de la semana” (Marcos 16:9).
4. Después de descansar el sábado, “conforme al mandamiento” (Lucas 23:56), las mujeres llegaron temprano a la tumba de Jesús “el primer día de la semana” (Lucas 24:1).
5. María Magdalena fue a la tumba de Jesús y la encontró vacía “el primer día de la semana” (Juan 20:1).
6. Los discípulos se reunieron “por miedo a los judíos” (no para adorar) el primer día de la semana (Juan 20:19).
7. Pablo les pidió a los miembros de iglesia que “pongan aparte algo” para los pobres de Jerusalén “cada primer día de la semana” (1 Corintios 16:1, 2). Estos versículos no mencionan ninguna junta religiosa.
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8. En Hechos 20:7, Lucas habla de discípulos reuniéndose “para partir el pan” y de Pablo predicando espontáneamente en su despedida “el primer día de la semana”. En otro lugar, Lucas describe como los cristianos primitivos se reunían diariamente y “perseveraban en… comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones” (Hechos 2:41-47).
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Ninguno de estos versículos indica que los apóstoles consideraron dejar de observar el séptimo día y comenzar a adorar en el día domingo. Claramente no existe evidencia en el Nuevo Testamento de un cambio del día de reposo del séptimo día (sábado) al primer día de la semana (domingo). El cambio surgió después de los días de Jesús y los apóstoles, así que debemos volver a la historia para ver cuándo y cómo se llevó a cabo este cambio.
El cambio de la observancia del séptimo día a la observancia del domingo (primer día de la semana) tuvo lugar después de que se completó el Nuevo Testamento y todos los apóstoles habían muerto. La historia nos dice que los cristianos eventualmente cambiaron de adorar y descansar en el séptimo día a adorar en el primer día de la semana.
La historia del problema muestra que en algunos lugares fue solo después de algunos siglos que el descanso sabático realmente fue completamente abolido, y para ese entonces la práctica de observar un día corporal de descanso en el domingo había tomado su lugar” (Vincent J. Kelly, Forbidden Sunday and Feast-Day Occupations, p. 15 [Domingo prohibido y oficios de días festivos]).
Por supuesto, los creyentes no dejaron de observar el sábado del séptimo día en un fin de semana determinado y luego de repente comenzaron a guardar el domingo como el día del Señor. El caso auténtico más antiguo de la observancia del domingo por los cristianos ocurrió en Italia a mitades del sigo II después de Cristo. Durante mucho tiempo después, muchos cristianos observaban los dos días, mientras que otros guardaban solo el séptimo día.
El 7 de marzo, 321 d.C., Constantino el grande emitió la primera ley dominical civil, obligando a todas las personas del Imperio romano, excepto los agricultores, a descansar el domingo. Esta ley, junto con otras cinco leyes civiles sobre el domingo decretadas por Constantino, sentó precedente legal para toda la legislación civil sobre el domingo desde aquel tiempo hasta el presente.
En el siglo IV, el Concilio de Laodicea instaba a los cristianos a honrar el domingo, absteniendo de todo trabajo, si fuera posible, y les prohibió abstenerse de trabajar en sábado (séptimo día de la semana).
A pesar de que la voluntad humana ha intentado cambiar el santo día de reposo de Dios y sustituir otros días distintos y otras leyes humanas, Dios ha protegido poderosamente el verdadero día de reposo a lo largo de la historia. Gracias a esa protección divina, nosotros todavía tenemos la oportunidad de adorarlo en el día que Él bendijo y santificó en el alba de la creación de este mundo.