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¿Qué es el sexto sello de Apocalipsis?

El sexto sello se encuentra en Apocalipsis 6:12-17.

“Yo vi cuando el Cordero abrió el sexto sello, y entonces se produjo un gran terremoto. El sol se cubrió de oscuridad, como con un vestido de luto, y la luna entera se puso roja como la sangre; las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra, como caen los higos cuando un fuerte viento sacude la higuera. El cielo se esfumó, como si fuera un pergamino que se enrolla, y todos los montes y las islas fueron removidas de su lugar. Todos se escondieron en las cuevas y entre las grietas de los montes: lo mismo los reyes de la tierra que los príncipes, los ricos, los capitanes y los poderosos; lo mismo los esclavos que los libres; y decían a los montes y a las peñas: '¡Caigan sobre nosotros! ¡No dejen que nos mire el que está sentado sobre el trono! ¡Escóndannos de la ira del Cordero! El gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá mantenerse en pie?'”

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El sexto sello: terremoto, sol y luna oscurecidos, y las estrellas caen

La primera parte del sexto sello se enfoca en las señales específicas en los cielos que muestran que la venida de Cristo es muy pronto.

El terremoto de Lisboa

Un gran terremoto, como el del sexto sello, ocurrió en Lisboa, Portugal el primero de noviembre, 1755. La enciclopedia de Nelson lo llama “el más notable terremoto de la historia.” En tan solo seis minutos la gran ciudad quedó prácticamente destruida por completo.

El día oscuro

Unos veinticinco años más tarde un acontecimiento, llamado el Día Oscuro del 19 de mayo de 1780, ocurrió en el área noreste de los Estados Unidos. En este día hubo una misteriosa oscuridad en el sol, lo cual los científicos todavía no pueden explicar. La oscuridad amenazó la tierra desde las diez de la mañana. Los pájaros, confundidos, fueron a dormir y las rana comenzaron cantar. Algunas personas informaron de que vieron una luna roja, como si fuera de sangre, esa noche. Muchas personas se convencieron de que se acercaba el fin del mundo.

La caída de las estrellas

Otro evento ocurrió 53 años después cuando, en la noche del 13 de noviembre de 1833, cayeron las estrellas sobre Norte América en la más gigante exposición de fuegos artificiales jamás visto por el hombre. Testigos de esa caída de las estrellas fugaces describen con palabras vívidas esa noche que nunca pasará al olvido cuando el cielo entero parecía estar envuelto en llamas de brillantes estrellas. Estas estrellas fugaces o meteoros provenían de un punto central. Al igual que cuando se sacude un árbol y los frutos vuelan en todas direcciones, estas estrellas parecían irradiar desde un punto central cercano a la constelación de Leo. Observa que estos tres acontecimientos ocurrieron en el mismo orden que los mencionados en Apocalipsis 6.

Según capítulos 18, 19 y 20 de Apocalipsis, estas señales se repetirán en la segunda venida de Cristo. Entonces, la cuarta señal mencionada, “el cielo fue apartado como un pergamino enrollado”, ocurrirá cuando Jesús abra el cielo de par en par y regrese rápidamente a la tierra para rescatar a sus hijos.

La segunda parte del sexto sello se enfoca en el aspecto negative del juicio de Dios sobre las personas que rechazan a Dios y a su Sacrificio por ellos y que insisten en perseguir a los seguidores fieles del Cordero. Estas multitudes no están listas para su venida. No tienen fe en la Palabra de Dios ni en su promesa de volver.

De hecho, cuando Jesús aparezca en la tierra quedarán aterrorizados. No conocen a la Persona sentada en la nube ni tienen una relación con Él. Por eso tienen tanto miedo de su presencia y piden a las montañas y las piedras que caigan sobre ellos y los oculten del poder glorioso del Cordero victorioso. Al final, Dios les concederá su pedido. No estarán felices en el cielo con los santos que han perseguido o con el Dios que han rechazado. Por eso Dios les concede su deseo de NO vivir en su presencia por la eternidad.

Al final del sexto sello, la pregunta surge, “¿Y quién puede mantenerse en pie?” Los que pueden mantenerse en pie son los que están cubiertos por la sangre de Jesús. Jesús les ha cubierto con su manto blanco de justicia (Apocalipsis 7:14). No es la justicia que se puede ganar con mucho trabajo, sino la justicia que es dada gratuitamente, un regalo gratuito para quien lo solicita. El que hace esto puede mantenerse en pie en el juicio final, no porque es santo por su propia cuenta ni porque haya realizado tantas obras buenas, sino porque ha solicitado la pureza de carácter de Cristo para presentarse ante Dios en el juicio. Debido a que Cristo permite que Dios vea su propio carácter en lugar del nuestro, Dios puede decir con confianza, “Bienvenido, mi amado, a tu hogar eterno conmigo”.

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