La religión, la política, el comercio y la historia se entrecruzan en Oriente Medio en una intricada red de intereses comunes y contrapuestos entre muchas naciones.
Tres grupos religiosos, los judíos, los cristianos y los musulmanes comparten reivindicaciones religiosas sobre Jerusalén, uno de los lugares religiosos más importantes de Oriente Medio y del mundo. A lo largo de su historia, la violencia se ha entremezclado con la religión.
El petróleo es un ingrediente del interés occidental moderno en Oriente Medio. Sin embargo, el historial de conflicto en la zona abarca casi 40 siglos, desde los días de Abrahán y sus dos hijos Ismael e Isaac. Estos dos hijos son padres de dos grandes grupos étnicos, los árabes y los judíos, que han estado luchando entre sí desde la época de Abrahán. Muchos gobiernos del mundo, incluidos presidentes de los Estados Unidos, han intentado resolver estos antiguos conflictos étnicos y religiosos, solo para darse por vencidos. Cualquier nación que se vea envuelta en los conflictos de Oriente Medio está entrando en un torbellino que puede arrastrarla hacia dificultades irreversibles.
Cada día, las noticias sobre Oriente Medio muestran escenas de tensión y conflicto sin resolver. A este panorama de conflictos se suman las numerosas naciones de otras partes del mundo inmersas en revueltas, disturbios civiles, enfrentamientos fronterizos y conflictos diplomáticos que desavían toda solución, y uno se pregunta: ”“¿Cuándo y cómo llegará la paz?”
La respuesta a esta pregunta se encuentra en la palabra de Dios, específicamente en el libro de Isaías, un profeta venerado por judíos, cristianos y musulmanes. Isaías vivió hace 2.700 años, pero sus visiones divinamente inspiradas prometen una edad de oro de paz que seguirá esta era de conflicto interminable.
Dios prometió que, mediante el Mesías, el Príncipe de Paz, su gobierno de paz sería universalmente establecida. “Porque un niño nos es nacido, un hijo nos es dado, y el dominio estará sobre su hombro. Se llamará su nombre: Admirable Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz. Lo dilatado de su dominio y la paz no tendrán fin sobre el trono de David y sobre su reino, para afirmarlo y fortalecerlo con derecho y con justicia, desde ahora y para siempre. El celo del SEÑOR de los Ejércitos hará esto” (Isaías 9:6-7, RVC).
Leamos algunas de las muchas promesas de paz que nos da Isaías.
Todos los que reverentemente dirigen sus afecciones y pensamientos a Dios gozarán de su paz. “Tú guardarás en completa paz a aquel cuyo pensamiento en ti persevera, porque en ti ha confiado” (Isaías 26:3, RVC).
Los que eligen al Dios de la Biblia tendrán paz establecida muy profundamente en sus vidas. “Tú Señor, nos harás vivir en paz, porque tú nos has ayudado a realizar todas nuestras obras. Dios y Señor nuestro, otros señores han querido dominarnos, pero nosotros solo invocamos tu nombre” (Isaías 26:12-13, RVC).
La sumisión a la fuerza de Dios trae paz a nuestras vidas. “A menos que ella acudiera a mi refugio e hiciera las paces conmigo, sí, que hiciera las paces conmigo” (Isaías 27:5, NVI).
La justicia de Dios que se recibe en tu ser produce paz y libertad de la ansiedad. “La justicia hará posible la paz; la justicia redundará en reposos y seguridad para siempre (Isaías 32:17, RVC).
La verdadera paz no puede ser experimentada aparte de la harmonía con la ley de Dios. “Si hubieras prestado atención a mis mandamientos, tu paz habría fluido como un río, y tu justicia sería como las olas del mar (Isaías 48:18, RVC).
El verdadero Mesías ha procurado para nosotros la oportunidad de tener paz mediante su sacrificio por nosotros. “Pero él será herido por nuestros pecados; ¡molido por nuestras rebeliones! Sobre él vendrá el castigo de nuestra paz, y por su llaga seremos sanados” (Isaías 53:5, RVC).
La palabra de Dios y su camino al fin prevalecerá, y cuando ocurre eso, su paz brillará para siempre. “Así como los cielos son más altos que la tierra, también mis caminos y pensamientos son más altos que los caminos y pensamientos de ustedes… mi palabra…no vuelve a mí vacía, sino que hace todo lo que yo quiero, y tiene éxito en todo aquello para lo cual la envié. Ustedes saldrán con alegría, y volverán en paz” (Isaías 55:9, 11, 12, RVC).
Dios es el Autor de paz, pero los malvados y rebeldes no tendrán paz, a menos que se arrepientan y vuelvan a Dios. “Y haré que con sus labios digan: ‘Paz al que está lejos; paz al que está cerca.’ Yo, el Señor, prometo que los sanaré.’ Pero los impíos son como el mar en tempestad, cuyas aguas no pueden estarse quietas, y en su movimiento arrojan cieno y lodo. Por eso mi Dios ha dicho: ‘No hay paz para los impíos’ (Isaías 57:19-21, RVC).
A todos los que aceptan el pacto de verdad y gracia de Dios, Él promete: “Miren! Voy a extender sobre ella la paz y la riqueza de las naciones, como si fueran un río desbordado…” (Isaías 66:12, RVC, ver también los versículos 1-3, 5; 56:1-8).
Vemos, entonces, que la paz no es un fruto de la negociación política ni tampoco la ideología humana, sino que es un atributo esencial de Dios. No existe una solución segura para la paz en Oriente Medio. Algunos países poderosos podrán organizar acuerdos de paz temporarios, sin embargo, la Biblia nos asegura que la paz duradera no ocurrirá hasta la Segunda Venida de Jesús y el gobierno de paz que establecerá. En ese momento su reino eternal de paz traerá fin a la crueldad e injusticia que destruyen las vidas de muchos en nuestro mundo de hoy. Pero, incluso en este mundo, cuando estamos en harmonía con Dios y sus caminos, podemos experimentar la paz que el mundo no puede dar ni quitar. El Mesías dice, “La paz les dejo, mi paz les doy; yo no la doy como el mundo la da. No dejen que su corazón se turbe y tenga miedo” (Juan 14:17, RVC).