
En el principio, Dios el Padre, a través de Jesús (Juan 1:1-4), creó el mundo en seis días y descansó el séptimo día (el sábado). En Génesis 2:2-3 leemos acerca de la bendición especial que otorgó a su verdadero día de reposo.
Solo Dios tiene el poder de santificar un día como santo. El séptimo día, el sábado, es el día de reposo verdadero y el día del Señor de la Biblia. Es un día de descanso espiritual en Cristo.
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Dios santificó al séptimo día de la semana y y lo entregó a la humanidad. Es un tiempo “apartado” de la semana, en el que podemos experimentar el descanso espiritual que proviene del contacto con Dios. En el cuarto mandamiento, Dios dice: “Mas el séptimo día es reposo [aquí equivale a sábado] para Jehová tu Dios (Éxodo 20:10).
Nota para el lector hispanohablante: En estos versículos, la referencia al día de reposo equivale al sábado según la Biblia Reina Valera.
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Dios llama al día de reposo del séptimo día, “mi día santo” en Isaías 58:13. “Si retrajeres del día de reposo [aquí equivale a sábado] tu pie, de hacer tu voluntad en mi día santo, y lo llamares delicia, santo, glorioso de Jehová; y lo venerares…”
Si Dios mismo declara que un día es santo, entonces lo es.
Si Jesucristo estableció el séptimo día como día de reposo, y está claro que lo hizo según se lee en Juan 1:1-4, Él es por derecho creativo el Señor del día de reposo. En sus propias palabras, cuando vivió en esta tierra, Jesús nos aseguró que el día del Señor es el día de reposo de la creación. También se declaró a sí mismo como el Señor del séptimo día. “Porque el Hijo del Hombre es Señor del día de reposo [aquí equivale a sábado]” (Mateo 12:8).
La Santa Biblia no conoce ningún otro sábado que el del séptimo día. Cuando el apóstol Juan fue exiliado a la isla de Patmos, recibió las visiones del libro de Apocalipsis. Su primera visión le llegó en el día de reposo bíblico, pues él registra: “Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta” (Apocalipsis 1:10).
En ninguna parte de las Sagradas Escrituras se hace referencia al primer día de la semana, domingo, como el Día del Señor.
Dios promete una bendición especial a aquellos que guardan el sábado como un día especial para pasar con Él. “Si apartas tu pie por respeto al sábado, para no hacer tu capricho en mi día santo; si al sábado llamas delicia, consagrado al SEÑOR y glorioso; y si lo honras, no haciendo según tus propios caminos ni buscando tu propia conveniencia ni hablando tus propias palabras, entonces te deleitarás en el SEÑOR. Yo te haré cabalgar sobre las alturas de la tierra, y te daré a comer de la heredad de tu padre Jacob. Porque la boca del SEÑOR ha hablado” (Isaías 58:13-14).
Y de nuevo: “Por tanto, queda todavía un reposo sabático para el pueblo de Dios” (Hebreos 4:9, RVA).
¿No quieres experimentar esa bendición, guardando el séptimo día, el sábado, como día de reposo tal y como Dios lo planeó en el Edén?